Para vos conocido, para mi interesante

Roberto Dvoskin
“Moreno controla, pero las empresas ganan”
El subsecretario de Comercio de Raúl Alfonsín, durante la hiperinflación, habla del actual aumento del IPC, del INDEC y de la posible aplicación de la Ley de Abastecimiento. Cuenta cómo fue esa difícil época y analiza la gestión que lleva adelante hoy Guillermo Moreno.

Roberto Dvoskin conoce de inflación… y de hiperinflación. En especial porque fue subsecretario de Comercio en uno de los peores momentos de las últimas décadas en lo que a suba descontrolada de precios se refiere. En el cargo entre 1986 y 1989, Dvoskin asegura que aquellos tiempos nada tienen que ver con los que vive el país en la actualidad. Igual, este economista y titular de la Maestría de Marketing de la Universidad de San Andrés se vio envuelto recientemente en una acusación directa que realizó el presidente Néstor Kirchner cuando atacó a los índices privados que miden la inflación. Según el Presidente, estos son confeccionados por “los que generaron la hiperinflación” y “los responsables del vaciamiento de los ‘90”. Dvoskin asegura que, en su caso, todo fue un error.
Fortuna: ¿Por qué cree que el presidente Kirchner lo mencionó puntualmente?
Dvoskin: Yo creo que se equivocó sin querer y yo ligué los cachetazos. Soy de los que más defendieron al Gobierno en los últimos años. Además, San Andrés no realiza índices inflacionarios, como algunos dijeron. Kirchner confía en su índice, ve publicado algo en los diarios y por eso me mencionó. Yo tengo una especulación inflacionaria del 11% o 12%, muy parecida a la del INDEC.
Fortuna: Entonces, ¿está de acuerdo con que, como dice el Presidente, las mediciones oficiales de la inflación son correctas?
Dvoskin: Le aclaro algo: el crecimiento es siempre más importante que la inflación. Con un crecimiento del 8%, tenemos una inflación estructural del 0,8% mensual, que da el 10% anual. Y ese porcentaje es muy difícil de bajar en el corto plazo. Para hacerlo se necesitan aumentos grandes de los procesos de producción y productividad. En el medio de todo esto aparece lo que algunos llaman inflación de demanda, que es el aceleramiento de la tasa de inflación por la puja de la distribución del ingreso. Además, está la inflación externa: el aumento de los precios de las commodities que no sólo exportamos, sino que también comemos. El crecimiento hace que ciertos actores de la economía quieran recuperar niveles de ingresos perdidos. Esta es la presión salarial de los últimos dos años, donde los salarios aumentan más que la inflación, por lo menos la oficial…
Fortuna: Usted fue subsecretario de Comercio de Raúl Alfonsin, en tiempos de hiperinflación. ¿Encuentra algún parecido entre esos momentos y la actualidad?
Dvoskin: No, no hay ningún parecido. Kirchner remarcó mi pasado como funcionario y, en realidad, tiene razón: hicimos muchas cosas mal. Pero veníamos de una democracia de cuatro años y el mundo no era el de hoy. Teníamos un déficit fiscal del 16% del PBI y la sociedad no estaba en condiciones de aceptar un marco de privatizaciones y competencia. Por ejemplo, yo negocié el precio de las naftas con las petroleras y quise abrir también la posibilidad de construir estaciones de servicio. No me dejaron.
Fortuna: ¿Sus funciones y las de Guillermo Moreno eran similares o ahora el secretario tiene más peso a la hora de tomar decisiones?
Dvoskin: Nosotros administrábamos precios, Moreno los controla. Y nuestra labor era imposible de realizar, la realidad lo demostró. Quisimos liberar los acuerdos en 1986, pero nunca pudimos hacerlo. La única forma de controlar los precios es conociendo los costos al detalle y teniendo la percepción del consumidor, algo que no se puede manejar desde el Gobierno. Por eso, con el tiempo, la administración de precios es ineficiente. Eso no quiere decir que en momentos de crisis no hay que tomar medidas de control por tiempo acotado. Al principio, el Gobierno de Kirchner tuvo éxito con los controles, pero la fiebre no se baja con agua fría. Sirve pero también son necesarios los antibióticos.
Fortuna: ¿Cómo se desarma la madeja de los controles de precios?
Dvoskin: Primero, con un acuerdo general. Luego hay que fijar marcos de competencia y plazos claros para que la cosa funcione por sí sola.
Fortuna: ¿Hay plafond para que esto suceda en este momento?
Dvoskin: No parece. Igual, los precios no están administrados . Se miran algunos productos, pero la mayoría están liberados. En el retail sí está acordado, pero voluntariamente.
Fortuna: Algunos ponen en duda sobre lo voluntario de esos acuerdos…
Dvoskin: Moreno controla, pero las empresas ganan, no pierden plata. Los supermercados no firmaron cualquier cosa: bajaron sólo algunos productos el 5%.
Fortuna: Alfonsín usó la Ley de Abastecimiento y ahora se la menciona en algunos casos, como en el tema combustibles. ¿Serviría de algo utilizarla?
Dvoskin: Por suerte no se aplica. Ese era el instrumento que teníamos, pero hay cosas que no hay que volver a hacer. Sería como volver a la Inquisición.
Fortuna: Usted especula con un índice inflacionario muy cercano al oficial, ¿esto significa que la medición del INDEC no es desacertada?
Dvoskin: En el INDEC hay una crisis y es grave. Pero es una vieja historia que tiene 25 años: empezó con Martínez de Hoz y el índice “descarnado”; siguió con Domingo Cavallo, que pasó el organismo a Economía; luego con Roberto Lavagna, a quien no le gustaban los números de pobreza, y termina con Moreno tocando la metodología de medición. Ocurre que el INDEC mide pautas de 1999, nada que ver con lo que pasa ahora en cuanto a consumo. Además, tiene problemas de recursos y no puede manejarse autárquicamente, como debería un organismo que es del Estado y no del Gobierno. Y la última variable es el cambio de funcionarios, una intervención, que realizaron a comienzos de este año. Estas tres variables complejas hacen que el índice sea cuestionado por el medio. Yo no sé si el índice es cierto o no, no tengo la menor idea. Sólo la empresa Nielsen podría medir la evolución de precios como lo hace el INDEC, con 8.000 negocios y varios miles de productos. Ellos lo hacen para algunos rubros, pero los índices de Nielsen no salen a la calle, tampoco los de CCR. Sí aparecen algunos de consultoras privadas con los que no estoy sistemáticamente en desacuerdo.
Fortuna: Pero, ¿no es lógico que aparezcan estos índices ante el descreimiento del INDEC?
Dvoskin: Sí, pero no quiere decir que sean creíbles. Lo que hay que hacer es sanear el INDEC. Hay que resolver el tema de la inflación porque afecta a los sectores de menos recursos, aunque sea el 10%. La sensación térmica que se palpa en la calle muestra que los precios son mucho más altos. El índice de precios del Gobierno no da 0%, da 10%. Y eso no es poco. Pero hay productos que no crecieron tanto. Transporte, por ejemplo. El INDEC mide la temperatura, pero hay muchas dudas. La temperatura es incierta y la sensación térmica es muy alta. Por eso hay que generar credibilidad, más allá de que los datos actuales sean correctos o no.
Fortuna: ¿Enfriar la economía pondría un freno a la inflación?
Dvoskin: Si, claro que es una solución: no hay inflación en los cementerios.
Fortuna: ¿Pero cree que es una medida positiva?
Dvoskin: El desafío es no bajar la tasa de crecimiento y bajar la tasa de inflación. Creo que se puede hacer, pero con políticas de Estado y no con actos de gobierno. Tenemos que crecer, pero la discusión que hay que probar es si el crecimiento al 9% no nos lleva a un estallido final. Claro, la baja del crecimiento significa menos productos para distribuir y caída en la calidad de vida. Y eso es perjudicar a la gente que menos tiene.
Fortuna: ¿Qué es lo que hay que hacer, entonces?
Dvoskin: Hay un momento inicial de acuerdo, un marco de estabilidad en precios y salarios. Ahí coincido con Cristina. Donde no lo hago es en la forma: para mí no existen los acuerdos voluntarios. Hay que manejarse con las leyes y con premios y castigos.
Fortuna: ¿Considera acertada la política cambiaria del Gobierno?
Dvoskin: La política cambiaria tiene que ser un instrumento de la política económica. Además, no hay que confundir la competitividad en la economía con la política cambiaria. Brasil tiene un superávit de balanza comercial de u$s 40.000 millones y tiene un dólar bajo. Nosotros estamos dolarizados en la cabeza, pero el tipo de cambio no se mide por el dólar sino por una canasta de monedas de productos de exportación. El euro es muy bueno para nosotros y el real que compramos está muy bajo. En ese juego de importación-exportación, el acercamiento de la inflación al dólar todavía no nos perjudica demasiado. Pero hay que tener cuidado.
Fortuna: ¿Qué va a pasar con la inflación entre las elecciones y diciembre?
Dvoskin: En diciembre habrá un aumento estacional. Los argentinos somos como alcohólicos con el tema de la inflación, pero en realidad estamos en un mundo de precios mucho más estables.
Fortuna: Usted es experto en marketing, especializado en consumo y problemáticas en sectores de bajos recursos. ¿Por qué les cuesta a las grandes empresas venderle a la base de la pirámide?
Dvoskin: Porque hay que cambiar las técnicas de negocios y la cabeza de los ejecutivos. Los sistemas de costos son otros y se modifica la organización. Si grandes empresas de primer nivel aplican viejas técnicas de marketing, como la venta directa, usando los sectores de bajos recursos como elementos de distribución, se logran entregas más eficientes de productos, muchos más baratos y de mejor calidad. No es la solución de la pobreza, pero da buenos resultados: ejemplo claros son Cemex, Casas Bahía, en Brasil, y Edenor, en el país. Las empresas lo están entendiendo. Es un sector muy grande, por desgracia, pero existe. Y el marketing puede ayudar.

Sebastián Catalano

 

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