Cómo vivir en el primer mundo del tercer mundo

¿Quién soy y por qué estoy viviendo en Argentina hace más de un año? Me llamo Luis Miguel Rivas y soy de la ciudad colombiana donde murió Gardel: Medellín. Pero esa no es la razón por la cual vivo acá. Y no la sé a ciencia cierta.
¿A qué te viniste acá?, me preguntan a veces. A no estar allá, es lo que único que sé contestar.
No vine huyendo de amenazas o deudas, ni buscando oportunidades de trabajo. Me vine porque sí. Es un asunto de ciertas personas que no se hallan. Así también les pasa a muchos argentinos que he conocido en otras partes. A lo mejor si hubiera nacido acá partiría hacia allá para no estar acá. Hay gente así. ¿Y por qué vine a tratar de hallarme en Buenos Aires, la ciudad en la que nadie se halla?, me preguntan. Tal vez tenga que ver con el hecho de haber crecido en Medellín, la ciudad donde murió Gardel.
Crecí con la Argentina incrustada entre pecho y espalda, un país de canciones, películas y libros. La banda sonora de mi infancia era la música que escuchaban mi mamá y mis tías: Sandro, Leonardo Favio, Leo Dan, Sabú. Y escuché los primeros dolores de mi vida a través de tangos machacados una y otra vez por las pianolas de las cantinas del barrio, donde los viejos iban a emborracharse antes de volver a casa para pegarle a la mujer: Oscar Larroca, Julio Sosa, Goyeneche, Edmundo Rivero y obviamente Gardel. De los libros ya ustedes lo saben: Cortázar, Artl, Borges. Aunque mencionarlos se haya convertido en cliché de extranjero, para mí es un cliché vivo, con carne.
Cuando recorro la Ciudad me la paso cotejando las calles que veo con las que los escritores han dejado en mi cabeza. Por ejemplo: Hace casi diez años leí una crónica, que nunca se me olvidó, sobre los enamorados del parque Rivadavia, escrita por Roberto Artl. Y ahora voy al parque Rivadavia, donde están los puestos de libros, y comparo el parque que había en mi cabeza con el lugar “real” y termino viendo un tercer parque Rivadavia que no es el que veo ni el que escribió Artl sino una mezcla de ambos. Y así con todo Buenos Aires. Encuentro los lugares que hay en algunos cuentos de Onetti, los cafés y los caserones de Sábato, las ancianas de Quino caminando por las veredas repletas de soretes (hay una manera particular de ser viejo en Buenos Aires y que no sé explicar pero que Quino ha logrado definir con dibujos).
Y los tangos. En Medellín uno de los tangos que se escucha en cualquier bar, cantina o tienda de barrio, a cualquier hora, es Sangre maleva cantado por Oscar Larroca. La canción cuenta cómo el zurdo Cruz Medina se volaba de cárceles y vivía su vida bandida regido por una ética personal. “Carcelero lo vio fugarse sin achicar la parada, en el hampa está sentada su fama de gran varón”, cantaba yo. Hasta que me fui a vivir cerca de la Avenida Caseros y alguien me contó la historia de ese edificio abandonado frente al parque Ameghino y comprendí que durante 30 años había estado cantando mal una canción que me sabía de memoria. “Caseros lo vio fugarse …”, dice en realidad el tango. Yo todavía miro ese edificio desvencijado y digo: “De aquí se volaba el zurdo Cruz Medina… ¿Por cuál ventana sería?”
Entonces me dirán: “Sí, muy bonita su evocación y todas esas cosas, pero ¿y la realidad? ¿La problemática social? ¿Los puntos oscuros de esta cultura? ¿La prepotencia? ¿El chamullo? ¿La corrupción?”. Sí, claro, como en todos los países latinoamericanos. Esto aquí es sólo el primer mundo del tercer mundo. Macondo con estaciones climáticas. Sin embargo, en Buenos Aires no he visto nada tan horrible que no haya visto en otras partes.
Y en cambio he visto gestos y noblezas que no había visto antes en otros lugares. Algunos me han dicho que me es fácil ser benevolente porque trabajo escribiendo para mi país y no tengo que ganarme la vida acá. Como si eso me impidiera ser tocado día a día por las asperezas de una sociedad conflictiva.
Y a pesar de todo me gustan esta ciudad y este país, con sus despelotes, sus alegatos, sus pasiones, su lógica alrevesada, sus alturas y sus bajezas. Siento en la base un no sé qué de humanidad que me hace sentir familiar. Por lo pronto me quedaré un tiempo teniendo problemas aquí.

 

 

del monopolico clarin.com…

 

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